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viernes, 23 de enero de 2009

En papel la comprensión lectora es mayor


En un artículo del que nos advierte Manuel Ruiz Díaz en un comentario de una entrada anterior de nuestro blog, encontramos referencia a un estudio noruego que afirma que la comprensión lectora se ve seriamente condicionada por el soporte físico, de manera que los soportes electrónicos no resultan adecuados para ciertas lecturas, especialmente para las lectura literarias o filosóficas, que reclaman el libro tradicional, en el que el paso de las hojas, al decir de este estudio y otros similares, influye no ya afectivamente, sino efectivamente en comprender y disfrutar plenamente lo que se lee. La lectura no es un fenómeno estrictamente visual, sino multisensorial, de manera que las manos también son importantes. El soporte electrónico es un soporte prestado en el que las letras andan como efímeramente, sin embargo, en el papel las letras viven, lo habitan definitivamente, texto y soporte parecen -¿son?- todo uno.
Ya nos hicimos eco de la opinión de Williams Power sobre cómo una desventaja del papel -no estar conectado- era su mejor ventaja para una lectura profunda y placentera.
Esta visión, no obstante, podría cambiar en cuanto evolucionara el soporte electrónico a otros más semejantes al tradicional. Ya apareció un libro electrónico que simulaba el olor del papel, y en este mismo blog hemos publicado numerosas veces textos con reproducción en flash que incluyen hasta el sonido del paso de las hojas. Igualmente, nos referimos a una lectura digitalmente más amable, la lectura horizontal en pantalla, otra opción frente al tedioso scroll. De ahí a lo que llamamos hace tiempo un poco en broma -sólo un poco- el libro metaverso, no hay mucha distancia -sobre todo imaginativa- con lo cual, si se obtiene un libro electrónico que imite satisfactoriamente al tradicional, las diferencias podrían disminuir, si no desaparecer.
Aunque no tenemos conocimiento profundo del estudio, es de suponer que se haya hecho con población que aún usa ambos soportes y que ha recibido una buena parte de su educación con libros en papel. Nada puede asegurar que esto siga siendo así. No debería olvidar el estudio que la lectura es un suceso único, irrepetible, producido entre lector, texto y contexto, y que no sólo está cambiando el texto, sino el lector -pronto desconocerán el soporte papel como primordial y habrán recibido una educación intensivamente digital- y el contexto -no se lee hoy en las mismas situaciones que antes y es de esperar que siga el cambio-. Además, una de las tendencias muy marcadas del mercado digital actual es precisamente la pantalla táctil, puesto que se ha visto que la interacción física resulta para el usuario también importante en gadgets y aparatos electrónicos en general.
El año pasado fue sin duda un año agitado en este sentido, y el presente continuará el camino iniciado sobre todo con el triunfo del Kindle -que pronto será un paleo-e-book-. Efectivamente, el libro literario -y el de pensamiento- sigue siendo un reducto bibliotecario y librero. La zona que más usuarios ha perdido en la biblioteca es la zona de consulta y referencia, sin embargo, la zona literaria continúa siendo la más anclada en el libro tradicional y la de préstamos más demandados en bibliotecas escolares. No es raro, por tanto, que detrás del tema de estos estudios haya un problema económico: el miedo extremo del sector editorial y librero a las copias digitales descontroladas, a que después del cine y la música, vaya definitivamente el libro, el libro literario, sobre todo -y más ahora que hasta sacan dinero de los préstamos bibliotecarios tomando posiciones antes de la debacle-. Así que Amazon, Google o Sony desde luego no han pagado este estudio, y otras empresas que ya entienden las librerías de otra forma -empresas que venden y distribuyen reproductores y libros electrónicos en lugar de libros en papel- lógicamente tampoco han subvencionado este estudio.
No voy a decir que sea un estudio interesado, le supongo la imparcialidad. También le debemos suponer una cierta nostalgia para empatizar con los lectores, los que se dicen lectores, no los consumidores de lectura. Porque al final este estudio sólo nos aporta una idea provisional: que la lectura no se igualará hasta que los soportes se igualen, esto es, hasta que los soportes electrónicos igualen las prestaciones físicas del libro en papel, algo que puede ser cuestión de tiempo, sólo de tiempo.

Y no te pierdas:

Futuro del libro o futuro del autor.
Por qué el papel venció a la pantalla.
Una lectura digiamable.
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