A la gente en general aunque no lea, le cuesta trabajo aceptarlo públicamente. Entre los lectores o muy lectores, también cuesta trabajo aceptar no haber leído obras consideradas maestras para algunos y que sirven a los advenedizos para humillar a los sinceros: ¿qué no has leído...? En consecuencia, aunque la lectura no sea una realidad social muy extendida, curiosamente es un ideal social generalizado (paradojas de la cultura).
Sin embargo, muchas de las personas que tienen que leer -y no sólo estudiantes- evitan la lectura por diversas razones que podemos resumir en no ocupar un lugar prominente en su jerarquía de uso temporal (frase eufemística donde las haya). Al caso: todos en algún momento, evitamos leer, dado que es imposible leer originalmente todos y cada uno de los textos. Asistir a cursos, seguir las críticas, consultar enciclopedias y sitios de referencia son formas de evitar cantidad de lectura que no se encuentra entre nuestras prioridades.
Pero que todos eviten leer de una u otra forma, no quiere decir que todos los casos sean iguales. Algunos simplemente evitan leer siempre en todo momento y circunstancia: los negados de la lectura.
Pudiéramos sentirnos orgullosos de los visitantes de nuestros blogs dedicados a la literatura, los libros y cuestiones aledañas y engañarnos, porque muchos de ellos entran buscando resúmenes y datos del libro que quieren evitar leer. Efectivamente, así lo testimonian las palabras y frases que algunos usuarios introducen en google para llegar hasta nosotros entre las que destaca una: resumen (y si no, descargar). Algunos de los visitantes de chats literarios no son aficionados a la lectura, sino analfabetos que buscan desesperadamente el resumen del libro que no quieren leer. Y no sólo es que se nieguen a leer lo que no les gusta: es que no leen nada (o casi), porque hasta buscan resuménes de cuestiones de su especialidad o profesión, o de libros de cuya lectura después presumen ufanos.
Tanta es la tradición de evitar la lectura que siempre hubo libros del estado de la cuestión y libros de texto, como ahora hay sitios webs para vagos o torpes o ligeros o pobres de tiempo lector. Y cierto, también son sitios útiles para cualquiera, incluso para aquel que ya leyó el libro en cuestión y busca datos concretos o recuerdo de su argumento: esas enciclopedias literarias donde se pueden encontrar todos los clásicos resumidos y que los estudiantes nunca encontraron en las bibliotecas (si alguien no busca por ellos, no los encuentran).
Las bibliotecas no son extrañas a este fenómeno. El servicio
Pregunte: las Bibliotecas responden es una muestra elocuente. Podemos formular una pregunta y en el plazo máximo de tres días se comprometen a darnos una respuesta. Qué bien, saber que los bibliotecarios leen por nosotros (una de las funciones del bibliotecario) y ya ni siquiera necesitamos ir a la biblioteca a buscar, sino que otros leerán y buscarán por nosotros. Porque los profesionales negados de la lectura siempre se las apañan para que otros lean por ellos -y a algunos les sirve para llegar lejos-.

Así que algunos hasta aceptan ser unos esclavos lectores, como en
Cuchitril literario, donde puedes votar en la lista de libros cuál quieres que lea. Lástima que después haga críticas encendidas (y algunas hasta
literalmente incendiadas) y los muchos visitantes que tendrá buscando resúmenes sólo encuentren análisis literario.
A pesar de todo, nada empañará la mayor gloria del lector, que es contar, resumir, analizar y divulgar sus lecturas, compartir su tiempo con los demás. Si entre ellos los hay que no comparten sino que sólo fagocitan, ya es otra cuestión, una maldita cuestión sin importancia.